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lunes, 6 de septiembre de 2010

Hipótesis Gaia


La Hipótesis Gaia es una teoría que considera que la Tierra es un organismo vivo que puede mantener condiciones favorables para la supervivencia de otros organismos en ella, todo en un marco de interacción entre diferentes participantes, tanto bióticos como abióticos. La idea de considerar a la tierra como un ser viviente fue propuesta en 1965 por el prestigiado bioquímico inglés James Lovelock, famoso entre otras cosas por dirigir la creación del horno microondas e inventar un dispositivo para detectar los clorofluorocarbonos (CFC's), causantes de la reducción de la capa de ozono, y publicada diez años después bajo el título “Una nueva visión de la vida sobre la Tierra” en el marco de las jornadas científicas celebradas en la Universidad de Princeton, Estados Unidos. Excepto la bióloga Lynn Margulis, posterior colaboradora de Lovelock, ningún investigador se interesó por tan alucinante teoría; para la gran mayoría, Gaia no era más que un interesante ejercicio de imaginación, nadie comulgaba con la idea de que nuestro planeta es una especie de superorganismo en el que, a través de procesos fisicoquímicos, toda la matera viva interactúa para mantenerse en condiciones ideales de vida. Para Lovelock, este superser colectivo merecía un nombre propio, el cual le fue sugerido por su vecino, el escritor inglés William Golding, ganador del premio Nobel y autor de “El Señor de las Moscas”. El nombre proviene de la mitología de la antigüedad clásica griega donde Gaia es la diosa de la Tierra y madre de los Titanes .

La Hipótesis Gaia no sólo contradecía la mayor parte de los postulados científicos precedentes y perturbaba los modelos teóricos sostenidos como válidos sino que suponía, sobre todo, poner en tela de juicio la intocable Teoría de la Evolución de Darwin que plantea que a lo largo de la historia del planeta la vida se ha ido adecuando a las condiciones del entorno; Lovelock proclamaba justo lo contrario: la biósfera (conjunto de seres vivos que pueblan la superficie del planeta) es la encargada de generar, mantener y regular sus propias condiciones medioambientales. En otras palabras: la vida no esta influenciada por el entorno, es ella misma la que ejerce un influjo sobre el mundo de lo inorgánico, de forma que se produce una coevolución entre lo biológico y lo inerte. Un auténtico bombazo científico para aquella época.

Lovelock fue llamado por la NASA en 1965 para participar en el primer intento de determinar la posible existencia de vida en Marte. Participó como asesor de un equipo cuyo objetivo principal era la búsqueda de métodos y sistemas que permitieran la detección de vida en Marte y en otros planetas . Uno de los problemas a resolver sería el encontrar los criterios que deberían seguirse para lograr detectar cualquier tipo de vida. A Lovelock le llamó la atención las radicales diferencias que existían  entre la Tierra y los dos planetas más próximos a ella. El punto de partida de la hipótesis fue la contemplación, por vez primera en la historia de la humanidad, del globo terráqueo desde el espacio exterior; las naves y sondas enviadas a Marte y Venus en la década de los sesenta del siglo pasado para investigar y detectar eventuales indicios de vida no encontraron ningún tipo de vestigio biológico. Sí descubrieron, en cambio, que los pálidos colores de éstos planetas contrastan espectacularmente con la belleza verdeazulada de la Tierra, porque sus atmósferas son radicalmente diferentes a la terrestre. La transparente envoltura terrestre de aire es una singularidad, casi un milagro, comparada con las atmósferas que cubren a los planetas vecinos. Los resultados de las investigaciones espaciales concluyeron que ambas están compuestas casi exclusivamente por dióxido de carbono y un porcentaje mínimo de nitrógeno; en cambio, en la atmósfera terrestre el constituyente más abundante es el nitrógeno (79 por ciento), seguido del oxígeno (21 por ciento), mientras que el contenido de dióxido de carbono es mucho menor (0.03 por ciento); a estos elementos hay que añadir vestigios de otros gases como metano, argón, óxidos nitrosos, amoniaco, etc. Toda una extraña y compleja mezcla.



Como muestra de Gaia, Lovelock presentaba los mecanismos a través de los cuales se ha permitido el continuo recirculamiento y permanencia de los gases que forman parte de la atmósfera terrestre, esta se debe en primer lugar, explicaba, a la actividad fotosintética de algas y plantas terrestres  que se ha venido llevando a cabo de desde hace mas de 3 500 millones de años, según la evidencia paleontológica. Toda esta actividad fue propiciando y manteniendo las condiciones ideales (incluida la temperatura) para el desarrollo de posteriores formas de vida.

Aunque Lovelock documentó extensamente su teoría, esta fue desechada por la comunidad científica y de manera casi instantánea dejada en el olvido. 30 años después de su postulación, Gaia empezó a resurgir y a adquirir relevancia debido a las observaciones sobre el incremento de la temperatura del planeta; términos como cambio climático y calentamiento global empezaron a ser explicados por medio de los efectos (tala de bosques y pérdida de ecosistemas, principalmente) que la actividad humana  ha ejercido sobre diferentes regiones del planeta y en consecuencia, sobre el conjunto global. En la actualidad comparar a la Tierra con  un ser vivo integrado por diferentes sistemas que interactúan y en el que la falla de uno ejerce un efecto sobre el funcionamiento de todos los demás no suena irreal.

A los 80 años, Lovelock es considerado un gurú del medioambiente, así como uno de los más importantes y controvertidos científicos del siglo XX. Él afirma que sólo con la actuación conjunta de equipos interdisciplinarios se podrá actuar efectivamente para solucionar las consecuencias del calentamiento global. Parece ser que el tiempo reivindicará a su imaginativa Gaia. Tampoco ha quedado exento de polémica, pues en la últimas décadas se ha manifestado como un firme defensor del uso de energía nuclear, ya que, según mantiene, representa un costo ambiental mucho menor que el provocado por las enormes emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, producto de la quema de combustibles.

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