Cuando se habla de las figuras femeninas en la actividad científica, de manera casi generalizada se piensa en Maria Sklodowska, mejor conocida como Madame Curie; sin embargo, casi dos milenios antes de ella, existió una mujer excepcional, que aunque no es tan conocida, encarna en su vida y en su mito todos los ideales humanos de desarrollo, autonomía y búsqueda incesante del conocimiento.
300 años antes de Cristo Alejandro Magno -el joven conquistador griego- llegó a Egipto, fundando la ciudad de Alejandría en el delta del Nilo; Tolomeo, General de Alejandro, asumió el gobierno de Egipto y al notar lo complejamente mezclado que estaban el conocimiento científico y el pensamiento religioso tomó una serie de medidas para cambiar esta situación, favoreciendo el conocimiento: fundó el Museo, institución dedicada a la investigación y enseñanza, cuyo modelo tomó del famoso Liceo de Aristóteles, que había sido su maestro, al igual que de Alejandro. En el Museo se incorporaron todas las escuelas filosóficas conocidas, convocando y concentrando cientos de profesores de todas partes del mundo antiguo; se fundó la famosa biblioteca, jardines botánicos, observatorios astronómicos, aulas e incluso un zoológico. En los siguientes 100 años Alejandría se convertiría en una auténtica metrópoli cosmopolita del mundo antiguo, de poco más de un millón de habitantes, llegando incluso a sustituir a Atenas como centro de la cultura griega. Al ser colonizado Egipto por el Imperio Romano, en el año 30 a.C. Alejandría se convirtió en el centro intelectual de todo el imperio; con el avance del cristianismo sobre éste, la ciudad se caracterizó por ser un crisol constituido por cristianos, judíos y paganos.
Bajo este contexto aparece Hipatia; no se sabe bien si nació en el 355 d.C. o en el 370 d.C. Hija del célebre filósofo, matemático, astrónomo y profesor Teón de Alejandría. Resulta un hecho inédito que en tiempos donde la mujer era considerada mucho menos que el hombre su padre haya puesto tanto empeño en su educación, tanto física (la belleza de Hipatia era legendaria) como intelectual, transmitiéndole todos sus conocimientos y fomentando la curiosidad por entender el mundo y la pasión por el conocimiento. Para el año 400 Hipatia se había convertido en una influyente académica de la corriente neoplatónica alejandrina, con un enorme prestigio de justa y sabia, que atraía a estudiantes de todo el mundo conocido hasta su casa, principal lugar de sus enseñanzas; era también consejera de los magistrados y directora de la biblioteca del Serapeo, sucesora de la gran biblioteca, destruida en algún momento entre los siglos III y IV. También se sabe que era muy valorada y reverenciada por amplios sectores políticos y académicos a pesar de su paganismo, siendo considerada en palabras de Sócrates Escolástico: “a pesar de su religión, un modelo de virtud”.
Hesequio, alumno suyo escribió: “Vestida con el manto de los filósofos, se abría paso en medio de la ciudad, explicaba públicamente los escritos de Platón, o de Aristóteles, o de cualquier filósofo, a todos los que quisieran escuchar (...) Los magistrados solían consultarla en primer lugar para la administración de los asuntos de la ciudad” .
Su intensa actividad científica, su carácter pagano, ya que no se convirtió el cristianismo en una época en la que la cristiandad estaba en su apogeo y Alejandría era junto con Jerusalén, Antioquía y Constantinopla los grandes centros cristianos, sólo por debajo de Roma y su abierta oposición a la política intolerante y excluyente de Cirilo, Obispo de Alejandría, quien había expulsado a los judíos de la ciudad, provocaron que en la cuaresma del año 415 una turba de cristianos enardecidos la interceptaran en su camino a la biblioteca, la bajaran de su carruaje, la llevaran arrastrando al templo Cesáreo (antiguo templo romano convertido en Catedral de Alejandría) y ahí la desnudaran y desollaran viva con conchas de mar afiladas hasta causarle la muerte, para posteriormente desmembrarla, quemarla y esparcir sus cenizas por la ciudad. Aunque hubo muchos reclamos por su muerte y exigencias de justicia por parte de la gran cantidad de discípulos y amigos influyentes que Hypatía tenía, nunca se castigó el crimen; las sospechas recayeron en Cirilo, como autor intelectual, pero nunca se le comprobó nada ni se le penalizó; él mantuvo su gran influencia como Obispo de la ciudad y a su muerte fue canonizado, pasando a la historia como San Cirilo de Alejandría, uno de los Doctores de la Iglesia. Posteriormente, en el siglo V, con la cristianización completa del imperio, incluida la Escuela Filosófica de Alejandría en tiempos del emperador Justiniano I (constructor de Santa Sofía) el peso de Hypatía entre los filósofos paganos se contrapesó con la figura de Santa Catalina de Alejandría, mártir cristiana del siglo III. Eventualmente la historia de ambas se mezcló y confundió, llegando a creerse que la historia del martirio de Santa Catalina se inventó para contrarrestar el de la pagana Hypatía.
Aunque la vasta obra de Hipatia se perdió en su totalidad, se sabe de su existencia por la extensa correspondencia que mantuvo con algunos de sus discípulos y amigos, como Sinesio de Cirene, Hesequio de Alejandría y, sobre todo, Orestes, prefecto imperial en Egipto, uno de sus más cercanos amigos, quien se bautizó en Constantinopla antes de regresar a Egipto y que trató, en repetidas ocasiones de convertirla al cristianismo por su seguridad, a lo que ella se negó sistemáticamente.
Tanto la vida como el legado de Hipatia se han reinterpretado a través de los siglos, sin embargo la relevancia del mismo es indudable, abarcando áreas tan extensas como el estudio matemático de las cónicas (el cual retomó Issac Newton más de 12 siglos después), la simplificación del pensamiento griego para las masas, la observación del firmamento y la invención científica (se le atribuye la creación de un astroloabio plano, aparato utilizado para medir la posición de los planetas, las estrellas y del sol; de un aparato para destilar el agua y de una barra para determinar la densidad en líquidos). También ha dado nombre a obras teatrales, revistas feministas y lésbicas (la leyenda cuenta que nunca se casó y siempre se mantuvo virgen, lo que generó suspicacias sobre su sexualidad), novelas, un tipo de letra de procesadores de textos (Hypatia Sans Pro), a un asteroide, a un cráter en la luna (que se encuentra entre los que llevan los nombres de su padre, Teón y de Cirilo, el Obispo de Alejandría) e incluso a la película del director Alejandro Amenábar, titulada Ágora (2009).
El pensamiento y vida de Hypatía de Alejandría se pueden resumir en esta frase, atribuida a ella: “Es mejor tener pensamientos, aunque sean del tipo erróneo, que no tener pensamientos de ningún tipo”.
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